Sobre mi

Artistana pintadora

Mi nombre es Mercedes Coloma Baiges

Por mis venas, mi corazón y mi cerebro, fluye una mezcla de pintura, hilos y papeles que me hace muy feliz pero que a veces se atascan y me producen una verdadera sensación de ahogo y angustia, esto siempre es positivo porque es en este escenario sobre el que se crean las mejores obras.
En ese escenario y también de vacaciones en el mar…

Doy gracias a todo por ser alegre y gracias a mis padres por dejarme hacer lo que me daba la gana (dentro de lo posible) cuando era una niña, y no frustrar una vocación tan potente como la mia, la de emprendedora artística.

Mi formación artística no es reglada ni muy organizada, pero si afortunada, porque en cada momento oportuno, ha aparecido en mi vida el maestro que necesitaba.

Empezando a los cuatro años que ya contaba con la admiración de mi madre y mis vecinas, también tenía mis detratotres, como un profesor de cuyo nombre ya ni me acuerdo, que me suspendía porque decía que calcaba.

A los 12, en un veraneo en el pueblo de Bronchales, gané mi primer certamen de pintura, y un fantástico premio, una maravillosa maleta de pintor, llena de pinturas, y pinceles.

Un poco más tarde, en octavo de EGB, la señorita Toñi, viendo por donde venía mi vocación, decidió cambiar mi clase de pretecnología por una de “diseño de moda”, me traía figurines “del Burda” para que los dibujara en un papel y los coloreara.

Figurines del Burda, muy populares en casa, porque con cinco mujeres en casa, una máquina de coser, una madre talentosa y una pequeña de la casa con cierto amor por el lápiz, ya te imaginarás quién calcaba los patrones del burda, esos complicadísimos trazados por los que me vi obligada a aprender algunas palabras en en alemán, porque entonces el Burda, ESTABA ESCRITO EN ALEMÁN….

Así que con 13 años nos decidimos por “ir a la escuela de artes aplicadas de Zaragoza”.
“La peque” porque era realmente eso, me llamaba Pascual Blanco que era mi tutor de dibujo y que a esa edad a mí solo me parecía un tío raro. Angel Azpeitia, los hermanos Albareda, y la mejor, que realmente fue la sorpresa más sorprendente y una verdadera revelación para mí, la Señorita Esperanza, que venía en taxi, de la calle San Miguel a la Plaza de los Sitios, una mujer impresionante que me enseñó a bordar, a tejer tapices de alto lizo y los nudos macramé, todo lo que yo no deseaba hacer bajo ningún concepto pero que de verdad, ahora… como me alegro de haber estado allí!

Por si no has estado nunca en Zaragoza, te diré que la distancia entre la antigua (que pena) escuela de artes y la calle San Miguel, es aproximadamente de 30 metros lineales más o menos.